sábado, 29 de enero de 2011

Desearía no extrañar...

Tu mirada que me hacía sentir fruta prohibida
a punto de ser devorada.
El instinto de tus brazos de rodear mi cadera,
permitiéndonos adivinar lo inconfesable,
fascinados por esa sonrisa
que venía desde muy lejos,
y que ningún más de lo que fuera
podía lograr.
Tu aroma que me contagiaba tu fuerza,
que todo el tiempo te teñía de la belleza
que yo buscaba
y me encandilaba...
Debo confesar que adoraba la manera
en la que arrasabas, con toda tu intención,
todo rastro de mi conciencia...

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