Aún me dueles,
me duele cualquier cosa que tú hagas.
A pesar de que te di mi consentimiento,
rara vez las palabras tienen el mismo rostro que el corazón.
¿Pero cómo puedo hacer para que me veas desenmascarada?
¿De qué serviría?
Por más que te aterrorice con lágrimas,
tú ya te fuiste, cruzaste el mar sin mí,
te fuiste muy lejos y no encuentras razón para regresar,
te gusta esa nueva tierra,
sin grietas, sin tempestades,
claro que quieres quedarte ahí.
¿Pero cómo puedo hacer que veas mi terreno?
¿Cómo lo has dejado?
Desolado, esperándote,
tu ausencia ha teñido al pasto
de un angustiante amarillo oscuro,
que ingenuamente ha sobrevivido, intoxicado,
para aún estar ahí cuando volvieras.
Poco tiempo fue, lo admito,
el que ocupaste esta tierra.
Pero mira qué árboles tan altos,
qué flores tan exóticas
hiciste crecer, tan rápido
y sin muchos cuidados.
Aún me dueles,
con cualquier cosa que tú hagas,
despiertas al alacrán en mi garganta.
¿Pero cómo puedo hacer para detener los golpes
del látigo que yo misma sujeto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario