viernes, 22 de abril de 2011

A una pequeña virgen con traje de alga

Reina de los mares.

Quién te viera, tan diminuta y cubierta del negro de medianoche.
Tu reino de piedras apenas iluminado por un faro, que por las noches llama a las parvadas de naves y les dice cuándo parar para no sumergirse en una noche eterna.

Sin más claridad que la que la luna te riega ocasionalmente: de seguro cuando te ilumina, parece que tus mejillas se humedecen como cuando llorabas, llena de suciedad verde, rezando por surgir de entre todas las criaturas del mar y respirar la brisa. Sin más protección que el misterio...

Y al otro lado, reina de verde alga, una isla no tan perdida como la tuya, con un faro más alto, gira su estrella y dilata las pupilas de los navegantes que conocen las trampas del mar negro.

Quién te viera, sobreviviente de las aguas hambrientas: yo no te vi hasta navegar muy cerca de tu castillo adornado por cangrejos, y ahora sé quién me llama hasta mi ventana, desde esas oscuridades movedizas que me susurran "cierra los ojos...".

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