domingo, 1 de mayo de 2011

Lo que viene...

En frente, bajo la luz del farol, está el futuro destinatario de mi carta más reciente.
Un poco más hacia atrás, con medio bello rostro iluminado, el que se adueñó de mis ojos.
Y en el fondo sin luz, sentado en una banca y esperándome pacientemente, precisamente: el que me espera.

Ya no puedo seguir guardando la carta,
pero tampoco puedo dejar de ver en sueños al dueño de mis ojos,
ni tampoco quiero dejar esperando al que me espera.

¿Puedo recibir un beso del futuro lector de mi úlima carta,
ganarme la admiración del que cuya imagen me deleita,
y amar por siempre al que me espera rodeado de frío y oscuridad?

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