subir las escaleras con el cabello en el rostro,
rápido, rápido,
no quiero encontrarme con la humanidad;
ya estoy en mi cuarto.
¿Qué ha pasado?
Todos los lugares que concurro se han llenado de espinas.
El esqueleto de mis alegrías se ha vuelto frágil,
tropieza tan fácilmente que ahora tiene miedo de correr,
está ahí sentado,
y ya ha estado ahí un tiempo,
está olvidando cómo caminar.
Y yo he olvidado cómo luchar,
o por qué luchar;
me desespero al mirar mi cuerpo,
es lo mismo que ver a un bulto inútil, poco práctico, sobrestimado;
el espejo me recuerda constantemente cómo y cuánto me he engañado,
me recuerda a un ser humano que ya no quiere cumplir
con la misión de la vida en la que se le ha colocado.
Poco a poco me devalúo como ser humano,
poco a poco dejo de creer en ellos,
poco a poco me gusta menos ser uno de ellos,
poco a poco veo menos camino,
poco a poco lastimo a mis semejantes.
Así es la vida humana.
Vivirla con dignidad, ya no sé si pueda...
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