Últimamente le había estado preguntando a la Casualidad:
- ¿Me regalaría una pequeña dicha?
Y ayer me la concedió:
Salimos al mismo tiempo Fugaz y yo, le mandé dos figuritas de aire para que me notara. Funcionó, conversamos, mi voz se mantuvo en un tierno, juguetón y sincero modo Mayor.
Y mientras hablábamos, las perlas de un idilio se alineaban en mi interior, en secreto...
Así fue una de las veces en que la Casualidad no se burló de mí, Ella ha sido siempre como una amistad dominante, manipuladora, en ciertas ocasiones me ha regalado dibujitos, y en otras me ha humillado, excluído, chantajeado, se ha aprovechado de mis secretos.
Llegué a casa con una sonrisa, pero ahora me pregunto si no fue esta una nueva travesura de la Casualidad. Mi capricho se ha transformado en recuerdo, desde su nuevo estado empieza a irradiar dudas, inquietudes, materiales inestables.
¡La Casualidad ha puesto en juego mis sentimientos venusinos, me ha hecho jaque una vez más!
Ah, Fugaz, ya basta de casualidades, no sabes cuánto ansío que nos encontremos a propósito.
Has de saber quién eres, pues son pocos y cortos los ratos que te veo, veloces ráfagas de sencilla dicha.
¿Aceptarías un plan, mi dulce Fugaz?
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