Te doy las más sarcásticas gracias de mi parte,
pues con tus maravillosos experimentos psicológicos
has abierto brutalmente el cofre de mi inconsciente.
No sin antes incendiar
increíbles cantidades de flora
y abusando de mis perdones
antes de dar con el cofre.
Luego te dignas
transformándote en otra persona,
y así parecería que nunca hubieras
pasado por aquí.
Pero aún así me quieres,
aunque yo no lo crea,
dices...
Y no sólo eso.
Has llegado a un lugar
que nunca imaginé:
a la zona de los sueños bizarros,
a la cuna de las pesadillas cortas
que me despiertan una y otra vez
durante toda la maldita noche.
Me veo en el espejo, al amanecer.
Y descubro enormes sombras bajo mis ojos,
y un centenar de pequeños ríos rojos
alrededor de mis pupilas.
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